Todo sobre colchones
¿Qué tipo de colchón es el mejor?
Cómo elegir un colchón adecuado a nuestras necesidades de descanso y salud
Viscoelásticos, de muelles, de látex, futones… Hoy en día, la variedad de colchones disponible en el mercado es tan amplia que resulta difícil escoger. Sin embargo, se trata de una elección muy importante: piensa que pasamos casi una tercera parte de nuestra vida en la cama, y eso repercute en la calidad del descanso y en la salud. A continuación te resumimos las ventajas y desventajas de cada tipo de colchón, para ayudarte a elegir.
Es el tipo de colchón más vendido (60% del mercado) y el preferido por la mayoría de los consumidores. Consiste en una estructura central de muelles, acolchada en ambos lados para que la firmeza sea regular y los muelles no se “claven” a la espalda. Estos colchones suelen ser los más baratos, aunque existen opciones para todos los gustos y bolsillos en función del grado de firmeza y confort deseados. La calidad dependerá de la cantidad de muelles y su distribución, el grosor de las capas acolchadas, si los muelles están embolsados independientemente, etc.
Ventajas: son cómodos y ofrecen una sujeción adecuada para la espalda. Resultan económicos.
Desventajas: con los años se deforman. Algunos los consideran demasiado “duros”.
En este tipo de colchones, la estructura de muelles tradicional se sustituye por varias capas de látex, un material elástico que procede del caucho vegetal. De esta forma, el colchón de látex se adapta totalmente a la forma y el peso del cuerpo, lo cual lo hace muy cómodo. Su firmeza y calidad dependerán de la proporción de látex natural y sintético que tengan: cuanto mayor sea la cantidad de componentes naturales, más confortable será el colchón pero también más delicado. Por su comodidad se han vuelto muy populares y actualmente suponen el 15% de las ventas.
Ventajas: resultan muy cómodos, duran más que los de muelles y además son hipoalergénicos.
Desventajas: salen más caros. Si cogen humedad se pudren, así que los debes airear bien.
Estos colchones se basan en una espuma desarrollada originalmente por la NASA que puede soportar grandes presiones sin perder su elasticidad. El núcleo central del colchón viscoelástico es una capa de alta densidad que asegura la sujeción y evita la deformación, mientras que las capas del revestimiento son más suaves y mullidas. De esta forma, al tumbarte en este tipo de colchón sientes que te “envuelve”, lo cual resulta agradable; sin embargo, algunas personas tienen la incómoda sensación de que se “hunden”. Hay que probarlos para hacerte a la idea.
Ventajas: muy confortables y mullidos, ideales para personas con dolores musculares y óseos.
Desventajas: los colchones viscoelásticos suelen ser más caros que los de látex o muelles.
Se trata de la versión “antigua” de los colchones viscoelásticos, fabricados con una espuma de poliuretano menos resistente y adaptable. El colchón de espuma tiene fama de incómodo y poco duradero porque es el típico de las camas plegables o las autocaravanas, por eso. Sin embargo, existen colchones de espuma de gran calidad, como los que usan los hospitales, que suponen una alternativa económica a los de látex o los viscoelásticos. En los últimos años los fabricantes han presentado nuevos modelos muy interesantes basados en tecnologías como Bultex o Airvex.
Ventajas: son asequibles y tienen diferentes niveles de firmeza. Se adaptan a cualquier medida.
Desventajas: la espuma suele deformarse con el tiempo. Los modelos de calidad son caros.
Colchones de lana
Antes de la invención de los muelles y espumas, los colchones se rellenaban con lana o paja, según una costumbre importada de los árabes. Resultaba más cómodo que dormir sobre el suelo o una madera, pero este tipo de colchones tenían poca estabilidad, eran muy inflamables y se debían rellenar y compactar a menudo. Actualmente se ha producido una gran renovación del colchón de lana, que se combina con otros tejidos para reducir sus mayores inconvenientes.
Ventajas: son más cálidos, naturales y ecológicos. Resultan mullidos, resistentes y duraderos.
Desventajas: son difíciles de encontrar. Pesan mucho, tienden a apelmazarse y atraen insectos.
Futones
Se trata de un tipo de colchón muy delgado importado de Japón y originalmente pensado para poder enrollarlo durante el día, con el fin de ocupar menos espacio. En su versión occidental, son más gruesos, se fabrican con algodón y espuma y se colocan sobre una base de madera. Se están haciendo bastante populares por su diseño y precio asequible, aunque resultan muy duros.
Ventajas: son muy firmes con una base de madera, resultan asequibles, prácticos y decorativos.
Desventajas: su escaso grosor hace que sean muy duros y además se deforman con el uso.
Otros tipos de colchones
Existen otras clases de colchones que no son adecuados para un uso continuado. Por un lado están los colchones hinchables, muy prácticos pero con una baja estabilidad que sólo los hace aptos para un uso ocasional. Por su parte, los colchones de agua pueden resultar cómodos y divertidos, pero tampoco deben utilizarse de forma prolongada debido a la inestabilidad de su sujeción. Lo mismo sucede con las colchonetas, sacos de dormir acolchados y otros artículos similares, que no debes usar para dormir a diario porque a largo plazo no resultan saludables.
Ventajas: te pueden sacar de un apuro cuando tienes invitados o duermes fuera.
Desventajas: no son tan cómodos ni saludables como un colchón normal.
Consejos para elegir bien
Elijas el colchón que elijas, es importante que sea cómodo para que duermas bien, pero también debe ser firme para que tu espalda descanse recta. Así mismo, ten en cuenta que es necesario complementar el colchón con un buen somier de muelles, de láminas o de madera. También es recomendable dar la vuelta al colchón cada seis meses, para que el desgaste sea homogéneo, y ventilarlo a diario para evitar que acumule humedad. Por último, no olvides que un colchón no dura toda la vida: se recomienda renovarlo cada diez años como máximo.